24/06/2011

EUROPA Y EL TORO MANSO



Según el mito griego Europa fue una hermosa princesa fenicia de grandes y penetrantes ojos. Una mañana soleada mientras se divertía con sus amigas en la playa la princesa tuvo el infortunio de coincidir con Zeus, dios del cielo y del trueno, supervisor de los dioses del Olimpo y conquistador mujeriego infalible. Zeus contempló a la joven y la espió lascivamente quedando hipnotizado por su belleza. Tan grande fue el impacto que el mismo dios temió ser rechazado por la ninfa. Quedó paralizado y ni siquiera se atrevió a presentarse ante ella. Para engatusarla se transformó en un gran toro blanco cuya mansedumbre fue irresistible a ojos de la joven princesa. Europa se acercó a acariciarlo y cayó en su trampa; cuando estaba montando encima del toro, este la atrapó y se alzó volando hacia los mares.

Sus familiares desesperados emprendieron una búsqueda incansable pero nunca pudieron encontrarla. El todopoderoso Zeus la había raptado para siempre llevándola a vivir a Creta, donde al fin consiguió enamorarla. Pero el destino no fue amable con Europa, Zeus estaba comprometido con la diosa Hera y por ello, la humilde -y mortal- princesa fenicia no pudo retenerle a su lado. Perdió su presencia y tuvo que conformarse con ser el capricho momentáneo de Zeus. Tuvo todos los bienes a su alcance, pero no el amor del dios de dioses. Europa tuvo que conformarse con ser una más en la larga lista de conquistas del todopoderoso y mujeriego Zeus.

Hasta aquí los orígenes mitológicos. El resto ya es una historia conocida. En sus más de 3000 años de historia, a pesar de la riqueza material y cultural, Europa cayó en el abismo de guerras interminables en las que sucumbió paulatinamente. La joven Europa envejeció y fue victima de la conquista, el fanatismo, la ambición, el saqueo e incluso del genocidio. El Capital había dominado el mundo imponiéndose como máxima deidad y controlando a Europa y al resto de continentes a través del Olimpo de los mercados financieros y la política. Un nuevo orden llegaba al mundo. El nuevo dios Capital, rige desde entonces nuestros designios.

Hoy, Europa sigue igual, raptada y enamorada de ese otro dios supremo que al igual que Zeus, se disfraza de toro manso para engatusar y corromper. El Capital también es un conquistador caprichoso, tramposo, y experto en esconderse y cambiar de rostro según la época. Es un experto halagador y colma de regalos a sus amantes, pero sin dejarse arrastrar a un compromiso verdadero y perdurable. Solo se compromete con los dioses, nunca con los pobres mortales que yacen resignados a las migajas del paraiso. Europa, fruto de siglos y siglos de saqueo y de ignominia, se corrompe hasta el punto de no reconocerse a sí misma. Hoy, la princesa infamada se regocija haciendo el mismo daño que padece y juega al rapto, el engaño y a la corrupción con tal de satisfacer a su dios.

Los orígenes geográficos de Europa se sitúan en Grecia, escenario y cuna de la civilización que dió lugar al amor de la princesa y Zeus. Fue en Grecia donde surgió la génesis del pensamiento, la filosofía, el arte, el teatro y la democracia que hoy se asocian a la génesis misma de Europa. Pero la ninfa parece haber olvidado su historia. Su sometimiento a la máxima divinidad le lleva a renegar de sus orígenes y extorsionar, chantajear y amenazar al mismo pueblo griego que le dio nombre y espíritu. Al pueblo griego y a cualquier pueblo que ose oponerse al poder del dios supremo.

Dicen que el origen etimológico del griego Ευρώπη (Europa) significa “ojos grandes”. Pero esos ojos no miran a cualquiera, a día de hoy son propiedad privada del Capital, ese toro manso y de aspecto pacífico al que todos quisiéramos acercarnos, acariciar y quizás, insensatos, montar en su lomo.