30/08/2011

EL RUIDO Y LA FURIA

Se sentó con ansia en el último asiento del autobús, al lado de dos familias compuestas por 2 madres y 6 niñas, 3 chicos a un lado y una pareja de ejecutivos. No le importaba nada más que su libro. No sabía qué hora era, ni en qué país estaba, ni en qué mundo vivía. Abrió el libro. Que flaco de mierda que sos hermano. Sos capaz de morir de inhalación y no darte cuenta. Llevaba años detrás de ese libro, retrasando su lectura, casi con placer. El gran artífice de la nueva literatura del siglo XX, el padre de una nueva técnica basada en el reflejo -sin mediaciones de puntuación, gramática o estilo- de la corriente de pensamiento que fluye caóticamente en un discurrir de situaciones y de imágenes yuxtapuestas sin orden ni lógica. ¿Que se sho gordo? dejá de hinchar las bolas que tengo un quilombo de laburo infernal. Había leído, obviamente, a muchos otros autores que posteriormente plagiaron la misma técnica en algunos capítulos de sus novelas con el objetivo de representar la mente caótica de alguno de sus personajes; el llamado monólogo psicopático. Cofi vente pa’ca, Jarocho.
Ahora por fin, tenía en sus manos el libro abierto, dispuesto a cambiar su forma de leer, de comprender y de vivir la literatura. ¿Ya supiste el desmadre que armó tu perro? La expectativa era máxima, la emoción inconmensurable, podría decirse carnal, libidinosa o incluso lúbrica, o ir más allá aún; sicalíptica. Chido, pos yo la veo chido. Pero a la quinta hoja empezó a sospechar lo peor; no se enteraba de nada. ¿Chido? Yo la veo bien pinche mal, ese perro no valía menos de 20 mil varos. Tienes de dos sopas cabrón: me pagas o me pagas. Sus gusto por la alta literatura no era forzado; había empezado como todos los seres humanos (los pedantescos farragosos son una categoría aparte) con las novelas de aventuras de Salieri, Stevenson, Conan-Doyle y el más cercano y campechano Vázquez Figueroa. Che, cambiando de tema. Viste que bien está la minita nueva. Pero muy pronto adquirió categoría; “1984” fue probablemente su primera novela seria, que leyó con 12 años impregnándose de una conciencia política de la que aún hoy no podía desprenderse. ¿Cuál minita nueva? Al clásico de Orwell, le siguieron algunas lecturas militantes como Reed, Trotsky, el Che y el más cercano (y campechano) Montalván. ¡Ah! pero además de flaco y boludo sos ciego hermano. Pero su apetito le pedía venenos más contundentes que los menús de Carvallho; leyó con avidez a Huxley, a Gorki, a Dostoievsky, a Chejov y muy pronto descubrió extasiado el universo barroco del realismo mágico (o lo real maravilloso, entiéndase) encarnado en el llamado “Boom” latinoamericano. Pos si güey ¡pero él se la amachinó primero mihijo! Ni madres. “Cien años de soledad” le contagió el veneno de América Latina, le hipnotizó de tal manera que decidió dedicar parte de su vida al continente más surrealista del planeta. Ok, dale contame. Al Gabo, le siguieron Vargas Llosa, Carpentier, Cortazar, Borges, Fuentes, Onetti e incluso autores “menores” como Azuela, Puig, Arguedas o Icaza. No tiene ciento cincuenta años, pelotudo. Claro que es joven, morocha, ojos de gata, cuerpo escultural. ¡Un minón che! Colmada su ansia latinoamericanista, exploró las corrientes narrativas actuales, del newyorkino Paul Auster, del francés Michon, del italiano Tabucchi, del multicultural Bolaño o de los más cercanos (y nada campechanos) Marías y Vila-Matas. Pues clávatelo por el culo güey. Todos ellos habían recibido la influencia del gurú norteamericano, cuyo libro tenía entre sus manos, sin entender una palabra. No mames ojete, ¡Mi perro iba ganando!
¿Se había pasado de listo? Muchas veces se lo preguntaba. ¿De verdad me gusta esta literatura premeditadamente difícil? ¿Qué pasó porky, desde cuándo le entras con niñitas? La respuesta era afirmativa en el 99% de los casos. Pos desde que tienen perros chingones. Si bien es cierto que se obligaba a sí mismo a leer los clásicos recomendados, no lo era menos que devoraba todos ellos con emoción palpitante. Dicen que la trajo el jefe a laburar porque es un fato que tiene ¿me entendés? No era escrupuloso ni exquisito con la literatura, consumía algunas obras comerciales “tragables” Tuu Richal mal cancel quedate quietu. (algo de Larsson, algo de Follet, algo del últimamente descafeinado Vargas-Llosa). Peeeera, niña que voy a vel donde nus bajaamu. Pero la verdadera emoción, la taquicardia, lo sicalíptico, solo llegaba con gente como Cervantes, como Kafka, como Borges, como Conrad, como Camus o como el gran Bolaño. ¡Puras pinches migajas!
Por eso no entendía lo que le estaba sucediendo. Tranquilo "reinito", estoy hablando ¿Ton's que tienen los cuarenta? Ese odio repentino hacia lo que estaba leyendo. SI ME TROMPIEZO CON ELLA LA SALUDO NO? PAESO ESTA LA EDUCACIÓN. La técnica basada en la absurda sucesión de frases (encima mal traducidas) no era un fragmento de la obra (como en el caso del resto de autores), ¡Aquí era la obra en sí, la obra entera! ME QUEDAU ENTREVESAU PORQUE MEVENIA DE BOCA CON EL KIOSKO DE LOS ENTROBUSE. Llegó a la página cien con un sentimiento de impotencia y de frustración alarmante. SA ACHANTAO ER MIERDA. El puto protagonista era un niño o un adulto, era blanco o negro, estaba riendo o gritando, SUS LO VOY A PEDIR DUS VECE, LA PRIMERA, SIN VIOLENCIA escuchaba a su madre o a su niñera, a su hermana o a su amigo, le hablaba uno, le hablaba otro, de repente lloraba, JA ME MATEN, TE RENVIENTO LA FRAGONETA, de repente estaba en el campo, en la casa, TE DEJO LA FRAGONETA EN UN COMA PROFUNDO PANCHITO MIERDA en el río, en la habitación. Por más veces que lo releía no conseguía entender, QUE COBRA EN MATALICU, HABELO DICHU ANTES empezó a desconfiar de la traducción, QUE TENGO TAMBIÉN UNAS PIEZAS DE CHATARRA EN LA CHABOLA de los cientos de críticas aduladoras y panegiristas que había leído, pero sobre todo, empezó a desconfiar de su inteligencia y de su capacidad. ANDA CON EL PAYO, VETE A VEL LA TILIVISIUN. El libro o el autobús (el libro y el autobús) estaban acabando con sus nervios. Perentoriamente, diríase categóricamente, no era el mejor ni el más conspicuo escenario para digerir ese menú deletéreo, ese badulaque ignominoso, maligno, inicuo, infame, intolerablemente tedioso, soporífero y amargante.
De repente, a las voces, se le sumó un ruido enlatado y rispido acompañado por ecos, metalizados, de otro mundo, del mundo de los tontos. DALEMORENAVAMONOFUEGOTEDIGALEQUEBESOMEJOLQUEELELLALEGUTALAGASOLINAAA... Y eso si que no

-¡Me cago en DIOS! Que no se puede armar este ruido en el autobús OIGAN.

VARGAME EL SEÑORRRR!!!! QUIZE EL PAYO MIERRRDA, CON LO BIEN QUE SESTA SORNANDO!!! UUUUUAAAAAAA!!!!!

Al bajarse del autobus pensó: Ahora al menos entiendo el título.